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Anteriormente te hablé sobre cómo los pensamientos determinan profundamente nuestros resultados y cómo nuestra programación mental es la responsable de ello.
Pues bien, esa programación mental está formada por creencias que no son más que ideas que consideramos verdaderas pero que, muchas veces, no lo son.
Básicamente adquirimos nuestras creencias de dos maneras, por repetición, escuchándolas a otras personas, o por un alto impacto emocional, es decir, por una situación traumática vivida.
En realidad las creencias en sí no son ni buenas ni malas, más bien son funcionales o disfuncionales.
Te sirven para algo o te limitan en algo y esto es totalmente personal, ya que la misma creencia a una persona le puede ser útil y a otra estar generándole una dificultad.
Y es de vital importancia que detectes que creencias te están limitando.
Para ello te propongo que empieces a observar qué tipo de pensamientos recurrentes tienes con respecto a ese tema en concreto o área de tu vida que te gustaría mejorar, que te preguntes dónde o a quién escuchabas decirlo y luego averigües si eso es así siempre.
En la mayoría de las ocasiones comprobarás que no lo es y te darás cuenta de que esa idea no es más que una creencia que no te sirve y que está frenando tu crecimiento personal 😉✨
Gracias por leerme.
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